NOSOTROS…¡LOS MALOS LECTORES!

marzo 10, 2010

Por: JEANETTE CONTRERAS

En los medios de comunicación masiva, se ha dicho que los mexicanos nos distinguimos por ser malos lectores, ya que leemos en promedio apenas medio libro al año, y más aun que nuestro nivel educativo refiriéndose a Oaxaca es de los peores en todo el mundo, y al decir verdad, poco ha interesado al gobierno que nos precede y menos aun a nuestros maestros “según dicen”, por no conocer la dimensión del problema que ha dado pie al analfabetismo. No leer entonces, es igual a vivir en la negrura de la educación, encadenada a la voluntad de los demás y encerrada en la jaula de la mediocridad del gobierno y la sociedad, hoy por hoy leer equivale a vivir sin existir, ni subsistir, pues la parte más importante del ser humano- – i n t e l i g e n c i a- o mejor conocida como “la ardilla”, se encuentra en completo reposo…o desempleo?

Ahora bien, la naturaleza pudo habernos cobijado con surgir como gallinas, perros, bueyes, guajolotes o burros, y así nuestra única función hubiera sido, nacer, crecer, reproducirnos y morir, pero como nacimos humanos con “razón y conciencia” nos toco nacer, crecer, tener un control en mano, unas chelas, el fútbol y algo que consideramos menos importante como la abrumadora obligación de leer y escribir, o comprar y leer un buen libro (cosa que cuesta mucho trabajo en nuestra sociedad mexicana y peor aún tuxtepecana).

Por otro lado, según la Encuesta Nacional de Lectura del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, dos de cada tres entrevistados declaran leer lo mismo o menos que antes, a fines del 2009, sólo el 30% declaró leer más. El 13% dice que jamás ha leído un libro y cuando se pregunta a los que no están en ese caso, cuál fue el último libro que leyó, la mitad dice que no recuerda. El 40% dice que ahora lee menos. También un 40% dice que nunca ha estado en una librería. Dos años antes, en la Encuesta nacional de prácticas y consumo culturales, también de CONACULTA, el 37% dijo que nunca había estado en una librería.

Y para continuar con nuestra penosa cifra, al preguntar ¿A qué edad leían más?, el 83% (del 40%) dijo que de los 6 a los 22 años, o sea la edad escolar. Si de los entrevistados se escoge a los que tienen de 23 a 45 años (o sea los beneficiarios del gran impulso educativo), los números empeoran. El 45% (en vez del 40%) declara leer menos, de los cuales casi todos (90% en vez de 83%) dicen que leían más cuando tenían de 6 a 22 años. Queda claro que leían libros de texto, y que no aprendieron a leer por gusto. Los entrevistados que no leen dan varias explicaciones, la primera de las cuales (69%) es que no tienen tiempo. Pero el conjunto de los entrevistados considera que la gente no lee, en primer lugar, por falta de interés o flojera. Sólo el 9% dice que por falta de tiempo. Como dato importante de la encuesta, los mexicanos destinan casi el 2% del presupuesto familiar a la compra de libros: $220 pesos anuales La mayoría (55%) dice que no gasta ni un centavo, pero muchos estiman que gastan el cinco o el diez por ciento. La estimación es vergonzosa. Otro indicador data que desde 1950 (en todo el país, en todos los niveles) el número de maestros se ha multiplicado casi por veinte (Estadísticas históricas de México). Sin embargo, el número de lectores (a juzgar por el número de librerías de la ciudad de México), apenas se ha duplicado.

Un aspecto interesante de la encuesta es que muestra claramente que el interés (o desinterés) de los padres en la lectura se reproduce en los hijos. Habría que medir esto, no sólo en los hogares, sino en las escuelas y universidades. Una encuesta centrada en el mundo escolar, seguramente mostraría que “algunos” de los maestros no leen, y que su falta de interés se reproduce en los alumnos, por lo cual multiplicar el gasto en escuelas y universidades sirvió para multiplicar a los graduados que no leen. ¡Qué curioso no!

Por tal modo, es imprescindible, que la estafeta de malos lectores la hemos ganado a pulso, con nuestras acciones pues, ¿cuántas bibliotecas y librerías existen hoy en día en la ciudad?, si hablamos de números, podemos encontrar más cantidad de bares, cantinas, tiendas de ropa, prostíbulos, discotecas, taquerias, y centros de video juego en una esquina, que librerías o bibliotecas, las campañas electorales se acercan y para conseguir más votos, los candidatos desgastan su propaganda en regalar playeras, cubetas, gorras, despensas pero nunca en un libro, pues como resultado “el templo del saber” acabaría empolvado en una caja, adornando la sala, tirado en la basura o sencillamente siendo aventado a la cara del político.

Para cerrar con broche de oro, sería bueno respondernos a estas preguntas ¿por qué no en vez de regalar trofeos o balones a los deportistas, mejor se distribuyen libros donde se incite a pensar? o ¿Por qué los padres en vez de comprar un Ipod, unos Convers, Black Berry, una cuatrimoto, o una pantalla plana, a sus hijos adolescentes, no les obsequian un libro que les hable de valores y reflexión? o ¿Por qué en se disfruta más de un partido de fútbol con la familia, que de un café literario en familia? Ojala que después de cuestionarnos estas escalofriantes situaciones encarnadas a la realidad, nos arranquemos la lepra de la pereza y el aburrimiento, empecemos a leer un buen libro, para ser más letrados y no retrazados o peor aun, para no formar parte de la enorme terna de “los malos lectores”. o ¿usted que opina?…

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